Este blog pretende ser un homenaje al genial dibujante Domingo "Cacho" Mandrafina. Recopilación de toda su obra y datos curiosos.
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Mandrafina Responde
Agradecemos a la Revista Fierro por haber acercado muchas preguntas para que el maestro las respondiera.
Simplemente el enlace al documento:
http://blogs.pagina12.com.ar/revistafierro/files/2011/11/finalmandrafina1s.pdf
Sitio original en la Revista Fierro
http://blogs.pagina12.com.ar/revistafierro/2011/11/15/mandrafina-responde-a-los-lectores/
jueves, 20 de octubre de 2011
CACHO MANDRAFINA: CUATRO DECADAS DE HISTORIETA
ENTREVISTAS > CACHO MANDRAFINA: CUATRO DECADAS DE HISTORIETA
El rostro de la aventura
Discípulo directo de Alberto Breccia, dibujante de guionistas como Trillo y Saccomanno, hacedor de personajes como Savarese y El Condenado, Domingo “Cacho” Mandrafina lleva más de cuatro décadas viviendo de un oficio que desde el primer día creyó que se iba a extinguir. Ahora que la revista Fierro en su número aniversario acaba de editar completo su último trabajo junto a Carlos Trillo, Mandrafina recorre su carrera, que permite reconstruir la larga evolución de ese fin que, por suerte, nunca llega.
Por Martin Perez
El clima, la narración y la interpretación del guión. Esas tres cosas son las que decide el dibujante en una historieta. Porque la historia, por supuesto, es del guionista. Los diálogos, también. Pero el director de esa historia –de esa historieta– es el que la planta sobre el papel. Y es, por lo tanto, el que decide cómo hay que contarla. Si hay que acortar o alargar una secuencia, o si hace falta agregar o sacar un cuadrito. Todo, por supuesto, al servicio del relato. Porque, si bien un guión de historieta nunca debe ser como un guión de cine, el director de la película es, sin dudas, el dibujante. Y uno de los mejores directores-de-historieta que hay en ese semillero del género que es la Argentina, Domingo “Cacho” Mandrafina, es quien explica de esta manera, y mejor que nadie, lo más importante de un oficio del que vive desde hace ya más de cuatro décadas. Aunque asegura que no le interesa la docencia, el coautor de personajes míticos como Savarese o El Condenado asegura que dibujar, dibujamos todos. Al menos en nuestra infancia. Y un dibujante profesional, se podría decir, es simplemente alguien que lo sigue haciendo cuando los demás dejan de hacerlo. Para Mandrafina, según confiesa, dibujar siempre fue algo natural. Lo que tuvo que aprender es a contar. Y el que le enseñó cómo hacerlo fue nada menos que el mítico Alberto Breccia, que aunque supo ser su profesor durante un lapso bastante breve, fue quien le devolvió la pasión por la historieta como para dejar de lado su trabajo en un estudio contable, y soñar con convertirse en un profesional. “La frase de que un dibujante es como un director de cine, es cien por ciento suya: directamente del maestro al discípulo”, asegura con una sonrisa un historietista que casi se podría decir que nació siendo un clásico, con sus claroscuros, sus climas y los rasgos de sus personajes. Y que, después de cuarenta años en los que ha trabajado con los guionistas más importantes de Oesterheld para acá y en todas las revistas que fueron sinónimo del medio, lo sigue siendo. Un clásico que piensa siempre antes en lo que está contando que en lucirse con el dibujo, y en el lector y la historia antes que en cómo sale en la foto. Algo que demuestra magistralmente en La guerre des magiciens, la saga que actualmente está realizando para Francia con guión de Carlos Trillo y Roberto Dal Pra’, cuyo primer y hasta ahora único tomo, titulado Berlín para su publicación por la editorial francesa Delcourt, acaba de ser publicado en la revista Fierro bajo el nombre de “El tiempo del mal”. “Por suerte Carlos alcanzó a ver publicado el primer tomo en Francia”, asegura Mandrafina con una sonrisa, recordando con cariño al amigo de más de tres décadas, recientemente fallecido. Pero refiriéndose en realidad a su legendaria lentitud a la hora de terminar con sus trabajos, algo que también lo ha acompañado durante toda una vida de dibujante clásico, un historietista esencial dentro de la historia del género en estas tierras que parecen, de manera inverosímil e inexplicable, según se sorprende aún hoy el generalmente pesimista Cacho, seguir necesitando historietas.
LA CAMISA Y LA CAMISETA
Cuando habla de Alberto Breccia, a Mandrafina se le iluminan los ojos. “Para mí, era un tipo extraordinario”, asegura Cacho, que reconoce que era duro, e incluso podía llegar a ser demasiado cáustico como docente. “Pero su capacidad para transmitir conocimientos era notable”. Hasta que lo conoció, Mandrafina pensaba que los tiempos de la historieta se habían acabado. Algo lógico para un joven que había crecido expuesto a la edad de oro del género como lector. Criado en pleno centro de la Capital, en Carlos Pellegrini y Arenales, en una manzana que ya no existe porque se fue demolida para hacer lugar a la 9 de Julio, Cacho recuerda que, aunque su padre no terminó la primaria, leía todo lo que caía en sus manos. Y le enseñó a hacerlo, a los 3 o 4 años, leyéndole “Chapaleo”, la historieta de Eduardo Ferro que salía en La Razón. Así fue como creció siendo un fanático del papel impreso, y de la historieta, recordando con cariño incluso revistas como El Tony Semanal y El Gorrión. No es casualidad que para él, aún hoy, la historieta se tiene que leer como se leía entonces, como se leyó siempre por estos pagos: en revistas que compilen historias y dibujantes diversos. “En vez de hacer como muchos de mis amigos, que era lo primero que leían, siempre guardaba mi preferida para el final”, asegura Cacho, que cuenta que no sabía nada de firmas, pero que nada casualmente sus preferidas eran las ese gran renovador de la historieta que fue el norteamericano Milton Caniff, y su discípulo Harold Robbins. Y que la gran historieta de la época, sin dudas, fue el “Sargento Kirk”, dibujada por el mejor discípulo de Caniff más allá de las fronteras de los Estados Unidos: el italiano Hugo Pratt, en ese entonces afincado en Buenos Aires. “No teníamos ni idea, pero algo debíamos saber, para elegir entre las historietas del oeste justo a la que se hacía acá”, dice al referirse a la historieta que comenzó publicándose en Misterix, y luego en Frontera, con guión de Oesterheld. Cuando se le pregunta qué quería ser entonces, de chico, Mandrafina asegura que ya desde entonces quería ser dibujante de historietas. Pero que terminó abandonando su lectura cuando fue creciendo, y buscando otros destinos en la vida. Pasó a leer policiales, recuerda, y empezó sus estudios. “Seguía dibujando en los apuntes, pero no pasaba de garabatos como los que uno puede hacer en un papel cuando habla por teléfono”, señala. Cuando decidió dejar de engañarse y volver al dibujo, al cumplir veinte años, pensó que la historieta estaba acabada. Y no le faltaba razón: la época de oro había terminado, y aún no había comenzado su rescate. “Por entonces se buscaba rebautizarla”, recuerda Mandrafina. “Breccia decía que así como estaba la camisa y la camiseta, estaba la historia y la historieta. Que con el propio nombre se la minimizaba. Por eso en aquel entonces era que empezaban a decirle cosas como Literatura Dibujada”. Aun sin dejarse tentar por semejantes revisionismos –“siempre me gustó decirle historieta”, confiesa con una sonrisa–, fue conocer a Breccia y que el género de su infancia le volviese al cuerpo. Por entonces, el maestro estaba mudando de piel, dejando atrás su época clásica y empezando a experimentar con collages, una mutación cuya bisagra fue las apenas tres magistrales páginas de Richard Long, que realizó con Oesterheld. “Siempre decía que era un guión más largo, y que él lo había resumido”, revela Mandrafina. Y agrega, revelando sus gustos clásicos, y su carácter de orgulloso alumno de Breccia, sí, pero de este lado de los experimentos: “Me encanta, pero para mí gusto se pasó, y le quedó apenas un resumen”.
LOS ARCOS DE LA VIDA
Al recorrer las más de cuatro décadas de Mandrafina dentro del género, es posible resumir la historia de la historieta local luego de la época de oro. Porque sus primeros trabajos fueron para Patoruzito, donde dibujó cosas menores como el gol número 1000 de Pelé, pero su primer logro fue empezar a colaborar con Columba, la editorial que encarnaba la industria local del género, bajo la guía del director editorial Antonio Presa. “Nuestro lector compra la revista en Once y le tiene que durar hasta Moreno”, recuerda Mandrafina que resumía Presa a sus productos. Por entonces, a comienzos de los ‘70, Columba era la editorial del establishment, y para no arriesgarse a tener que dibujar historias con las que no se sintiese de acuerdo, Mandrafina arrancó trabajando para Intervalo, la revista de la editorial orientada hacia el público femenino. “Presas me dio mi primera lección, el día que rechazó mis primeras muestras”, recuerda Mandrafina. “Yo era fanático de Del Castillo, el preciosista dibujante de “Randall”, y él me dijo que dibujando así me iba a morir de hambre, porque no iba a terminar nunca las páginas.” Con el trabajo en el estudio contable abandonado para trabajar junto a Lito Fernández, uno de los dibujantes del momento, Mandrafina comenzó a conocer ese mundo. “En Columba se pagaba religiosamente el cuarto martes de cada mes”, recuerda. “Así que durante ese fin de semana no te podías encontrar con nadie: estábamos todos encerrados tratando de terminar como sea todas las páginas posibles, para cobrar unos mangos más.” Ascender en Columba significaba pasar al color: “A nadie le gustaba, porque era un color horrible. Pero se cobraba casi el doble”. Y la cumbre era la serie, algo que logró con la inolvidable “Savarese”, con guiones de Robin Wood, la estrella de la editorial. “Desde el comienzo supimos que íbamos a recorrer todo el arco de vida de un personaje, desde la juventud hasta la adultez, así que como modelo tomé a un dibujante al que veía todos los días, Rubén Marchione”, revela. Ante el peso de la tradición que imperaba en Columba, la aparición de la editorial Record y su revista Skorpio significaron un alivio para el mundo de los dibujantes. Para ellos, Mandrafina haría su otra serie inmortal, “El Condenado”, junto a Guillermo Saccomanno. “Si para Savarese, Wood se inspiró en El Padrino, acá la inspiración fue Papillón”, confiesa Mandrafina, que junto a Saccomanno está tratando de revivir un personaje que nunca dejaron de hacer durante mucho tiempo. A pesar del trato más familiar, tanto Columba como Record mantenían costumbres que hoy serían impensables, como retener los originales de los autores, quienes perdían todo derecho sobre los mismos. Por eso es que Mandrafina no tiene ni un dibujo de aquellas primeras épocas. “Lo único que tengo es el original de una página de ‘Savarese’, doblado al medio”, cuenta. “Me lo trajo de regalo el negro Gustavo Trigo al volver de un viaje a Europa. Lo debe haber descubierto en algún lado, lo dobló y lo rescató”, explica Cacho, que dejó de dibujarlo cuando cerró Columba, luego de la hiperinflación de fines de los ‘80. “Igual ya se había medio agotado la historia, porque el arco temporal del personaje se había completado”, aclara, y revela que sigue en contacto con Wood, ya que cada tanto negocian una reedición. “Lo volvería a dibujar, ¿por qué no? Pero esos contactos son cada vez más esporádicos.”
EL MUNDO SIN COLUMBA
Si en la historieta son los personajes los que aseguran la inmortalidad de un autor, la vitalidad suele estar en otro lado. Y más durante los ‘80, una época en que empezó a inventarse el concepto de comic de autor. Así que si Mandrafina tal vez se haya asegurado un lugar en la historia por sus personajes, como Savarese o El Condenado, su momento más vital fue cuando se juntó con Carlos Trillo, y empezaron a publicar las obras de su propia época de oro, que nada casualmente vieron la luz en una nueva editorial, a tono con esos nuevos aires, De La Urraca. “Las propias revistas te alentaban a intentar otras cosas, porque eran diferentes”, explica Mandrafina, refiriéndose a revistas como SuperHumor, conceptualmente diferentes a Skorpio o El Tony. Junto a Trillo, Mandrafina asegura haber descubierto una veta nueva, cercana a la ironía. Aquellas metahistorietas comenzaron de manera admirable, con la serie muda, cuyo puntapié inicial fue un guión sobre un mago, que Trillo en realidad escribió originalmente para Killian. “Cuando me lo mostró, recuerdo haber pensado: qué bueno que no tengo que dibujarlo yo. ¡Porque iba a dar mucho trabajo!”. La comedia kafkiana de aquellos guiones irremediablemente remitían al lector al estado de las cosas: fin de la dictadura, cosas que no se podían decir pero estaban empezando a decirse. “Pero nunca fue algo explícito”, asegura Mandrafina. “Nunca nos sentamos a decir: hablemos ahora de la censura. O de los desaparecidos. Claro que lo que sucedía a nuestro alrededor terminaba apareciendo. Incluso nosotros lo terminábamos viendo en lo que hacíamos. Nos dábamos cuenta, no éramos ingenuos. Pero no eran cosas que poníamos ahí a conciencia”. Si Columba vivió con el mercado interno, y Record nació vendiendo las historietas a Europa, cuando la hiperinflación barrió con todas las editoriales locales, los dibujantes y guionistas más conocidos siguieron trabajando, pero directamente con las editoriales europeas. Y ese cambio es el que, para Mandrafina, explica que la calidad, libertad y ambición hasta entonces siempre ascendente de sus trabajos –de “Savarese” a “El Condenado”, y de ahí a sus trabajos con Trillo haya encontrado una meseta. “Cuando dejamos de trabajar para acá, algo se perdió”, calcula. “Recuerdo la sensación que me producía cuando me iba en tren a mi casa en Padua, y al lado mío alguien leía una historieta que yo había dibujado un mes atrás. Y eso fue algo que no sentí más”. Convencido de que para que haya historieta tiene que haber editoriales, un Mandrafina que confiesa que ya no lee historieta asegura que por las nuevas generaciones de dibujantes locales, que siguieron el oficio casi a la intemperie, sin editoriales grandes dándoles trabajo y autoeditándose si era necesario, sólo tiene admiración. “Siempre digo que el mundo estuvo más tiempo sin historietas que con ellas, así que debemos ir acostumbrándonos a que algún día ya no estarán más. Pero al mismo tiempo me sorprendo cuando no deja de acercarse gente con ganas de mostrarte sus dibujos. Hay que aceptarlo, éste es un arte popular. Y mientras exista esa necesidad, mientras haya gente con ganas de dibujarlo y ganas de leerlo, no va a desaparecer”.
viernes, 14 de octubre de 2011
FIERRO 5 años
lunes, 3 de octubre de 2011
Marcel Clouzot el Condenado via Doedytores
Ya lo habian adelantado hace un tiempo, ya ahora tiene fecha de salida. La editorial que capitanea Javier Doeyo anuncio que durante el mes de Octubre saldra a la venta la novela grafica del Condenado, personaje creado por Saccomano y Mandrafina. Evadido de Cayena (la prisión francesa de ultramar), y más tarde borrachín, estibador, marino, chofer, guardaespaldas y matón… Su historia es la historia en primera persona de un hombre solitario que escribe y nos cuenta así sus recuerdos, desventuras, amores, aciertos y fracasos, mientras regentea su bar, el Sweet Sodome, en compañía de un pianista y un ayudante…




domingo, 10 de abril de 2011
La Guerra de los Magos
Se trata de "La Guerre des Magiciens" y está dibujado con la excelencia del maestro. Esta vez el color está con acuarelas y queda muy, pero muy bien (para mi gusto al menos)
Los dejo sin más con el sitio de la noticia (NOTA: si no se ven las imágenes al entrar, esperar que cargue todo y volver a presionar F5 para refrescar la info, ya que las imágenes se toman de la web editorial en Francia)
http://siguealconejoblanco.com/comics/2011/03/la-guerra-de-los-magos-de-carlos-trillo-y-domingo-mandrafina/
miércoles, 27 de octubre de 2010
Domingo Mandrafina en la radio
Y para arrancar, una joya para los seguidores del maestro Mandrafina: Un audio con el programa de radio por donde anduvo contestando una cantidad de preguntas.
Espero les guste.
El archivo con el audio está siguiendo el siguiente link.
El sitio de la radio, aquí.
Actualizado!
Encontré un video donde se lo filma en la radio mientras charlan.
sábado, 13 de diciembre de 2008
Dennis Martin
viernes, 12 de diciembre de 2008
Entrevista a Angel "Lito" Fernández
Siguiendo con Lito Fernandez, un dibujante que inspiró al genial "Mandra" (como él mismo llama a Mandrafina), pongo esta entrevista que le hizo la gente de Los Bigotes de Dalí.
Entrevista a Angel "Lito" Fernández - (Primera Parte)
Por Fernando Bogado
Entre mates mentolados, al lado de un tablero de dibujo, rodeado de posters e ilustraciones de diversos dibujantes del mundillo comiquero, Angel “Lito” Fernández prestó no sólo su mágico lápiz, sino también su voz a un grabador robado furtivamente a la prima de Fernando Bogado. ¿Podrá el joven entrevistador sobrevivir a la leyenda?
A ver: El Palomar es un barrio complicado. La disposición de las calles combate en dificultad con la del ya-utilizado-como-nombre-de-historieta Parque Chas… Las calles están dispuestas de forma circular, y no nos sorprende encontrarnos muchas veces pasando por el mismo lugar una, dos, infinitas veces. Sin embargo, esa tarde con tímidos avances calenturientos del brand new mes de Noviembre la casualidad aparecería por primera vez al toparnos con la calle Libertad, yendo perdidos a la nada misma que opera como centro del antiguo hogar de las aves que, celosas, le han prestado su nombre al hogar de antiguos aviadores. Las próximas apariciones del término se darían no en mi voz (ni siquiera la interior, que muchas veces me sorprende en las ocupaciones más variopintas); sino en la del mismísimo Angel “Lito” Fernández: para los inhumanos, ausentes de niñez constitutiva, dibujante de los mundos más maravillosos que hacen de esta, nuestra ínfima existencia terrena, un lugar más habitable, más cómodo –o robándole las palabras a Lito, más alegre.
“ME CUESTA UN HUEVO DIBUJAR” (O MOEBIUS EN CÓRDOBA)
Lito Fernandez- Ahí hay un Moebius.
Entrevistador (Fernando Bogado)- ¿Moebius original?
LT- Sí. Escribió medio mal mi nombre pero lo hizo.
E- ¡Qué grosso!
LT- Y bueno, no tenía quien lo lleve allá en la convención y lo llevaba de aquí para allá, como maleta de loco, viste.
E- Esta bien, ¿Donde lo vio a Moebius?
LT- En Córdoba
E- ¿En Córdoba? Qué grosso.
LT- Estaban él, Joe Kubert, el tano Pratt antes de que se muriese… Fue una de las mejores bienales -convenciones en realidad… José Luis Salinas, José María Pereira, Quino, Breccia, todos: Lucho Oliveira, Villagrán, todos; una pléyade, Altuna, antes de que se vaya Juan Jiménez. Hace veinte años o más.
E- A ver, espere, si no me equivoco con las fechas, debe ser finales de los ´70.
LT- Si, de los ´70 para acá. Muy buen tipo Moebius: habla castellano, porque él estuvo en Méjico.
E- Hace poco estaba viendo una de las fotos de Moebius y Jodorowsky en la época que estaban haciendo la versión de Dune.
LT- A mi me gusta más como persona, como dibujante… Lo que hace más como Giraud.
E- Blueberry
LT- Si, Blueberry: muy buen ilustrador. Me encanta lo que dice: que le cuesta un huevo dibujar, hay tipos que no lo dicen, hace como si no les costara. Es un tipo con huevos.
Lito ofrece café, té o mate. Yo le digo que lo estoy grabando… Me pregunta como ando.
NETO Y NATO
E- Revisando tus trabajos y tu trayectoria en el que-hacer de dibujante, y bueno: algunas veces uno no lee (quizás como un vicio de la lectura de historietas nacionales) los créditos de las historietas que estaban en las revistas que sacaba Columba, y bueno, yo me di cuenta que hay un montón de historietas tuyas que leí y que no sabía que eran de tu autoría, por ejemplo: Martin Hel, Dennis Martin. Bah, vayamos a las preguntas un poco frecuentes: ¿Cómo descubriste la historieta como género? ¿Cuándo te diste cuenta de que era “la posta”?
LT- Mira vos, nadie me hizo esa pregunta, ante todo. Y es una cosa muy curiosa en mi vida profesional, porque mi intención era seguir ilustración publicitaria, que no tiene nada que ver con la historieta, y de pronto, estaba ahí en la Panamericana en Florida, un edificio hermoso, y muy adecuado para tal evento, para la enseñanza. Abro la puerta (llegue medio tarde, 5 minutos tarde, ya estaba todo empezado) y me encuentro cara a cara con Breccia. Me dice: “¿Qué te pasa?”; “Buenas tardes”, le digo, “no; estoy buscando…” y me quedé -era nuevo, viste, novatón: 17 años, una cosa así. “Bueno”, me dice, “pasá, pasá y sentate”. Pasé unas gradas, será que uno tiene que arrancar de acá, que se yo, supongo que mi vida, en ese sentido, viste. Honestamente, tenía muy poca idea de la historieta, me gustaba porque la leía. Soy lector de historieta desde que aprendí a leer. Fijate que estoy haciendo una historia en este momento de un personaje que yo lo leía cuando tenía 7 u 8 años: Tex, un personaje que lo saca Bonelli en Italia, Milán. Sigue saliendo: en aquel momento salía en Rayo Rojo y ahora se cumplen 60 años de que sigue saliendo, de su aparición. Yo creo que el que regentea la editorial debe ser hijo, nieto, no sé, desconozco el grado de parentesco. Volviendo a tu pregunta, tenía muy pocas referencias de la gente que me rodeaba, como era muy pibe, yo lo único que quería era dibujar. Y bueno, ahí te digo que empecé a dibujar. Hice el curso con Borisoff: el básico, anatomía, perspectiva, pequeñas cosas de eso. Y enseguida quería ver la especialización. “Bueno, ya podés elegir”: y gracias a Dios, me encontré con Alberto Breccia, pero doy muchas gracias a Dios, porque me encontré con una gran persona. Y me descubrí como un historietista: como me dijo Alberto, “vos sos un historietista neto y nato”. Neto porque hacés historietas. Nato porque te sale de adentro como si hubieses hecho historieta durante toda la vida.
E- Muy revelador.
LF- Claro, aparte porque yo intentaba hacer otras cosas: ilustración infantil, buscaba formas y trataba de aplicar esas formas a la historieta común, de todos los días. En ese sentido, lamentablemente, circunstancias de la vida me han llevado a tomar ciertas decisiones lapidarias o drásticas. Lapidarias por el sentido de que, tener que decir “bueno, o hago historietas en serio o me pongo a hacer otras cosas, no puedo andar diversificando los tiempos”, pase situaciones familiares de muy pibe que incidieron en mi vida profesional, hasta bien entrada la adultez. Así que, te digo, fue una tabla de salvación, toda esa serie de vicisitudes, familiares, amorosas, sentimentales: el tablero fue mi tabla de salvación. De un modo u otro me aferre a lo que de manera incipiente sabía hacer, y bueno: esa fue, digamos, sobre algo muy fulero o cosas fuleras que me fueron pasando, bueno, sobre eso fui construyendo mi vida profesional.
E- Carlos Gomez, en una entrevista (www.comicscode.net), confiesa que vos fuiste una de las personas que le enseño la profesionalización de la tarea del dibujante, el rigor, la constancia. Es como romper la figura del dibujante que se inspira momentáneamente y hace su obra en muy pocos días, en una suerte de gesto light. “Me cuesta dibujar” es eso, es reconocer que el dibujo es un trabajo más, y eso rompe un poco la figura ideal que traen los estudiantes que entran a la escuela con la esperanza de ser algún día dibujantes profesionales.
LT- Una artesanía. A decir de Robin, en una entrevista común que nos hicieron, para él es un arte. Yo te digo que no estoy muy seguro de eso, yo diría que es una artesanía, a lo sumo uno puede hacer una muy buena artesanía. Y aquel que intenta hacer arte dentro de la historieta… Bueno, yo creo que el único que intentó hacer, ir más allá siempre, un paso más allá, sin duda esa fue Alberto. El viejo siempre intentó hacer algo más, yo creo que es el único artista por lo menos por mí reconocido. Qué se yo: en USA, yo tengo un guión ahí de Chuck Dixon, bueno dice “artist” (título que en las historietas norteamericanas se le suele poner al dibujante, FB), hay una broma ahí con el nombre, y bueno, eso te puede llevar a caer en un engaño, y yo no creo, yo en primer lugar no me engaño, gracias a Dios yo no me enceguezco con las cosas que me dicen: cada uno será lo que se cree o se cree lo que le dicen. Por eso no soy más humilde ni más soberbio, andaré por ahí, mitad y mitad. Pero por lo menos esa es mi verdad.
“CHUCK; ME LITO” (O MERCADO INTERNACIONAL)
E- Che, de Chuck Dixon, ¿qué estás haciendo?
LT- Airboy
E- ¿Cómo es trabajar con un guionista a la distancia?
LT- Mira, para mí es muy sencillo, Chuck es un tipo que quiso ser dibujante, o sea que inclusive creo que hizo algo, dibujó algo, entonces tiene muy claro que es lo que va a hacer y que quiere del dibujante con el que va a trabajar. Yo lo conocí acá, en el estudio de Villagrán, y yo en mi inglés digamos indiano: “Chuck, me, Lito; gusta, like Milton Canniff”, ahí me pone: “bueno, esto lo vamos a hacer en el estilo de Milton Canniff, como vos quieras, hacé lo que se te cante”, no hay ningún problema ni nada, es un tipo macanudo, ya te digo que yo lo ví una vez hace varios años atrás, en un momento dado me mando una cantidad creo que de seis o siete personajes para que elija lo que quería hacer. Yo lamenté muchísimo, después me dijeron que esa relación se cortara porque no era directa, sino a través de terceros que me dijeron que la tuviera que cortar (no sé que paso ahí, me dijeron que hubo un accidente, no sé). Pero mirá, las cosas con el tiempo se van sabiendo, a pesar de que no tenemos contácto… Él no sabe castellano y yo no sé inglés, el se encontró con otros colegas y les preguntaba por mí, y esos colegas me avisaron meses después. “Pero, ¿por qué no me avisaste antes?, yo tengo ganas de hacer cosas con él”, y bueno, esas cosas. Hay como un velo entre él y yo casi invisible que es el idiomático, el cual me impide mantener una relación fluída, y nuestros contactos son casi casuales. Ahora tenemos un contacto un poquito más directo, una amiga de una de mis hijas que más o menos entiende inglés, yo mando mensajes cortos lo más claro y preciso posible, el me interpreta, trata de facilitarme cosas… Creo tener la posibilidad abierta de realizar más laburos de lo que a mi me gustan: a mi me gusta la escuela norteamericana.
E- Claro, cuando dijiste Joe Kubert note una clara preferencia por cierto tipo de trabajo.
LT- Claro, Joe Kubert lo conocí acá con su señora, tenía los pibitos chicos, ahora son dos tipos bastante profesionales…
E- Si: yo me habré leído la vida de los Kubert; Adam Kubert en Wolverine, Andy Kubert en X-Men: bueno, Andy me parece el más cercano a su padre, mantiene las formas un poco más rígidas, mientras que Adam tiende más a la plasticidad.
LT- Bueno, claro. Con Kubert después tuvimos un libro de Catwoman con él también, con Kubert. Una con Catwoman sobre un sueño, en el cual estaba Churchill, y me pareció macanudo… Y después hice también con Barreto parte de un libro de Batman con guión de Chuck, también, pero ahí yo hice el lápiz. Todo ese tipo de cosas me encantan. Ahora estoy haciendo una de cowboys que la hago más por nostalgia que por otra cosa: me mueve mucho la nostalgia, como si le debiera algo a ese personaje que alimentó tanto mi fantasía.
Entrevista a Angel "Lito" Fernández - (Segunda Parte)
Por Fernando Bogado
E- Ya yendo más a tu carrera en el mercado nacional, ¿Cómo entraste en contacto con Robin Word?
LF- Bueno, yo ya estaba trabajando en Columba cuando él vino, y bueno, me dieron un guión de él con un personaje que yo no conozco muy bien el inicio: el primer número lo hizo Lucho Olivera, Dennis Martin, que era rubio, pero yo no sabía que era rubio, no sabía que lo había hecho él el primer número, sino hubiera respetado el color de pelo, la cara, qué se yo. Era un tipo serio, y yo hice un tipo en joda, porque así lo veía yo como venía el guión, qué se yo, para mí este es un tipo, un jodón. Y se fue dando: viste que en Titanes en el ring había un personaje llamado Dennis Martin, todo bien vestido acompañado por dos secretarias. Era un jodón, un tipo mujeriego. Y bueno: estoy feliz de no haber visto el primer número porque hubiese ido en contra de mis principios.
E- Otra de las casualidades de la vida
LF- Tenés razón, otra casualidad. Y bueno, le di mucho humor a eso, a mi me hizo muy feliz, te digo muy sinceramente que esa fue una de las mejores etapas de mi vida, como profesional, porque yo hacía las cosas con mucha alegría. Cuando a uno le quitan la alegría pueden decir que este trabajo es correcto, es bueno, está bien dibujado, la técnica es buena… Pero le falta algo. Mi trabajo tenía mucha alegría: quizás no estaba bien dibujado. Los negros los sé poner, afortunadamente. Como dijo Alberto en algún momento: “Se te corrió el telón, pone los negros donde corresponden” uno va iluminando la cosa, y así a fuerza de tablero uno va aprendiendo muchas cosas, se presentan muchos colegas que te hacen indicaciones que te parecen boludas y otras que te parecen correctas. Es eso lo que rescato de la gente: un trabajo te puede gustar o no, pero si está hecho con todo, ese todo te lo va a transmitir el tipo de algún modo. – “No me gusta del todo, pero: ¡Qué polenta que tiene!”
E- Revisando diferentes opiniones de tu trabajo, se habla de una conexión psicodélica de tu trabajo en Dennis Martin que coincide con esta alegría que vos me estás presentando como característica de esa época: digo, está. Volviendo a los guiones de Wood: ¿cómo te encontrabas con él, como trabajaban? Digo, en la misma línea que la pregunta referente a Dixon.
LF- Él me dejaba los guiones en la editorial y yo cuando entregaba retiraba los guiones y me iba a casa a trabajar. En un momento dado nos dimos cuenta, no sé quién con quién, que él vivía dos cuadras del estudio en donde yo trabajaba. Entonces venía cada dos por tres al estudio (medio para relojera a mi actual cuñada), nos juntábamos, nos divertíamos mucho: me hablaba de lo que estaba haciendo, fue un momento muy lindo. A mi me gusta tener relación con las personas que trabajo, sobre todo si me gusta el laburo. Con Wood cada tanto nos encontramos en algún lado. Con este trabajo para Italia tengo una conexión más directa por carta porque el guionista sabe castellano.
E- Bueno, yendo a uno de tus trabajos, en Precinto 56, vos entraste a dibujar después de José Muñoz, ¿cómo fue esa experiencia?
LF- Mirá, yo estaba contento de hacer policial. A las revistas mucha importancia no les daba, hasta que empezaron a caer algunas revistas en mis manos. Y siempre estuvo Precinto… entre las tres primeras historias más vistas en toda Italia. Después hice otra historia de Ernesto García Seijas, que fue Kevin, con guión creo que de Robin: me encantó hacer Kevin. Es un orgullo para mí hacer eso: fueron diez capítulos, nada más, porque estaban diez guiones hechos. Me vino de arriba.
EL OTRO, EL MISMO
E- Yendo a la manera en que trabajas: ¿qué importancia le das a la documentación?
LF- Yo le tengo que dar la importancia que merece. Sobre todo es el guión el que marca las pautas, lo que hay que volcar: y ahí busco. Ahí busco lo que tengo, sino lo pido a un colega o sino lo bajo de internet. Yo prefiero tener el libro acá al lado: hay algunos que trabajan con la máquina al lado, pero yo prefiero el libro acá en la mano, lo veo tranquilo, no gastarme tanto la vista en la máquina. Puedo trabajar con impresiones, pero no son muy fieles que digamos. Me han mandado muchísimas impresiones de máquina, y realmente no se notan los detalles, y eso me interesa: hacen a mi lectura gráfica, mi cuento, a cómo yo le digo al lector la cosa.. Se la digo de esta manera. Y sobre todo si es una historia de época. En algún momento metí un perro, pero bueno. Creo que un mix de la fantasía y la realidad, en dosis más o menos sabias que no siempre se le da, hacen que al lector le gusten los trabajos.
E- ¿Hay algún dibujante actual tanto del mercado nacional como del internacional que te interese?
LF- Me encanta Alex Ross, es un muy buen ilustrador que haciendo historietas es muy digno de verse. En chico no sé si funciona, pero viéndolo en grande es deslumbrante. Otro que me gusta también es Risso. Es más plasticón. Nuestros, de acá, que estén trabajando acá, Mandra me parece superior a todos estos. Como yo lo conozco, es tanto más dibujante que todos ellos, se la jugó más, muchísimo más. Hace menos de una semana estuve en la casa de Szilagyi… Me llevé la sorpresa de mi vida, nunca lo había visto trabajar así. Estaba haciendo El Fantasma: extraordinario, un Fantasma extraordinario. Mira, fui por una traducción que justamente era de Chuck, y le digo: “esto está bárbaro”. 30 años hace que estamos trabajando juntos. Creo que se recibió de abogado ahora: me parece maravilloso. A mí me gusta un dibujante como Rubén Marchionne, y realmente me duele que no esté haciendo lo que más le gusta a él: está haciendo Dago. Tiene más libertad: yo no tengo tanta, los guiones son muy específicos, no te zarpés porque te levantan en peso. Y Ricardo Villagrán: aparte es un buen tipo, igual que Enrique. Zaffino: marcó en su brevísima vida una huella impresionante, yo creo que Zaffino, para mí, apuntaba a ser toda una estrella. Para mí hubiese sido el mejor historietista argentino en unos años a nivel mundial: tenía técnica, iluminaba como los dioses, tenía una fuerza brutal, sus dibujos pegan porque están hechos con las vísceras. ¿Te acordás cuando yo te decía que cuando estás haciendo algo con alegría…? Esto está hecho con otra alegría, no exento de alegría, está hecho con una furia, está volcado así, pincelazo por pincelazo.
E- De historieta, ¿solés leer o te mantenés a un costado?
LF- No, leer no leo, miro sí, miro todo cuando tengo oportunidad de entrar a una comiquería, pero leo casi nada. Más sabiendo como trabajan los guionistas, ya sé como escriben, son buenos, viste, lo que escriben siempre va a ser una cosa de calidad; miro los gráficos, como los relata, yo conozco como marcan: me interesa como lo interpretan los dibujantes.
E- Última pregunta: hay un filósofo, Emmanuel Levinas, que propone que la Obra es la “manifestación” del tiempo sin mí, el tiempo del otro: ¿qué es lo que le querés dejar al otro en tu obra?
LF- ¡Alegría! Si, es una constante. Vos sabes que me escribieron, a veces recibo cartas -sobre todo cuando estoy haciendo algo para acá, hace 20 años que no hago nada para acá- me escribieron estudiantes de la Universidad de La Plata que estudian diseño, me escribieron: “Lito, sabés que, cuando queremos despejar nuestra mente recurrimos a cosas que hacés porque nos llevas por un camino de fantasía y de alegría”. Y eso me puso muy contento, me hizo muy feliz. Entonces para mí fue un punto de mira para no perderme. A raíz de eso te cuento: tengo un guión acá que me lo dio Zappietro hace diez días… Le empecé a contar algo que me gustaba. A los diez días me dice “che, hice algo con lo que vos me constaste”, entonces dije “lo voy a empezar a hacer despacito, agarraré una hoja, voy a hacer un cuadrito, dos, tres cuatro; en algún momento voy a hacer diez, doce páginas” y lo voy a mandar a algún lado, no sé. Tengo algo acá de Carlitos Gardel que se lo quiero dar a Fierro, nunca se publico, el uno y el tres, encima lo publicaron mal. Y eso es lo que quisiera volver a dar. De Fierro de ahora me gustan las cosas de Mandra, las cosas de Nine, la técnica de El Tomi. Había visto algo de Saenz Valente: muy buen dibujante, me impresionó mucho, me gustaría conocerlo y decírselo personalmente. Volviendo a tu pregunta: yo no sé si la alegría, sino la emoción, que es parte de la alegría, la cosa termina de determinada manera que te puede emocionar, no tiene porqué ser un golpe bajo. Trato de hacer, de llegar a eso siempre que el guión me lo permita. La emoción, la tristeza, la melancolía son las sensaciones del ser humano, lo sacan de la frialdad del pensamiento cientifista o muy estructurado. Llegar a eso… Caray, me da mucha satisfacción.
E- Bueno, Lito, la verdad: muchas gracias.
LF- No, gracias a vos.
ANGEL “LITO” FERNÁNDEZ DA CLASES (AUNQUE EL DICE, MODESTAMENTE, QUE ORIENTA A SUS ALUMNOS) LOS SÁBADOS DE 11.00 A 14.00 HORAS EN SU CASA, UBICADA EN LIBERTAD 2294, ESQ. KOEHL, EL PALOMAR. PARA MÁS DATOS, MANDANOS UN MAIL Y TE PASAREMOS MÁS INFORMACIÓN.





