sábado, 9 de enero de 2016

Un número especial para leer en la arena

La creación de Guillermo Saccomanno y Domingo “Cacho” Mandrafina es, dice el dibujante, un relato reflexivo sobre la historieta argentina. E incluye referencias a Mort Cinder y La llamada del Cthulhu, de Lovecraft: el famoso “libro del mal” no es otro que el Necronomicón.



Los lectores habituales de Fierro saben muy bien que a intervalos regulares la revista publica libros enteros. En los momentos de transición de su “programación” habitual, cuando terminaron la mayoría de sus series y a la espera del lanzamiento de las siguientes, aparece una historia extensa (novela gráfica, como gusta decir Don Marketing). Un “especial verano”, en este caso. Y si alguna vez salieron títulos inéditos en la Argentina de Carlos Trillo, el 2016 fierrero arranca con el lujo de leer a Guillermo Saccomanno y Domingo “Cacho” Mandrafina juntos.
Es que la Fierro que acompaña a Página/12 desde mañana en todos los kioscos trae Leopoldo: el libro del mal y otras historias, con el arco argumental más extenso de todos los publicados por la dupla en el suplemento Historietas Nacionales que funciona hace más de cinco años como parte del diario Reporte nacional de la agencia nacional de noticias Télam, que se puede leer y descargar gratuitamente cada sábado. Del suplemento participan otras figuras de la historieta argentina como El Tomi, Carlos Gómez, Ignacio Minaverry, Luciano Saracino, Esteban Podetti, Lucas Nine, Diego Páres, Gustavo Sala, y los propios Saccomanno y Mandrafina.
Las 72 páginas que los lectores de Fierro podrán disfrutar desde mañana incluyen dos historias cortas en las cuales el protagonista Lutz recuerda hechos históricos argentinos (Guerra de Malvinas y bombardeo a Plaza de Mayo de 1955, con un “cameo”-homenaje de Mort Cinder) y un arco argumental más extenso en el cual los autores vinculan la aproximación histórica desde la anécdota íntima, habitual de la serie, con la cosmogonía lovecraftiana. Y cualquiera que sepa algo del terrorífico autor de Providence imaginará que ese “libro del mal” del cual habla el título de la historia no es otro que el mismísimo Necronomicón del árabe loco Al Hazred.
El propio Mandrafina cuenta que el relato es reflexivo sobre la historieta argentina. Se pliega, por así decirlo, sobre los grandes maestros: Héctor Germán Oesterheld, el Viejo Breccia. Ahí se entremezclan anticuarios, dioses antediluvianos inefables, misterios. “A veces la temática te ayuda o te motiva, o te interesa acercarte de otra manera, y se nos ocurrió armar una historia que tuviera que ver con nosotros, con lo argentino desde la ubicación física que parte de Buenos Aires, pero además seguir girando sobre la historieta misma como tema”, explica el dibujante y lista de memoria varias de las referencias principales que el buen entendedor apreciará en las páginas: Mort Cinder, Sherlok Time, La llamada de Cthulhu. “El esquema de bibliotecario o anticuario remite un poco a Mort Cinder, aunque con los roles de protagonismo invertidos, y aquí Leopoldo es un chico y en verdad se trata del coprotagonista”, señala Mandrafina.
Leopoldo es una de las colaboraciones más extensas entre Mandrafina y Saccomanno, que llevan tres décadas trabajando juntos, pese a algunos intervalos. El público los conoce mejor por El condenado (parcialmente reeditado en Argentina hace unos pocos años, pero muy vigente en Italia). Sus otros trabajos conjuntos, hasta la aparición de Historietas Nacionales, eran pequeñas historias unitarias. “Esta historia surgió de los que nos faltó de tantos años de laburar juntos, que era generar una historia que tuviera que ver con nosotros mismos”, cuenta y confiesa que ése fue un argumento determinante para convencer al escritor de sumarse al proyecto, pues por entonces Saccomanno salía de un trance de salud y todavía estaba recuperándose.
Experta en historietas “con continuará” (como le gusta decir al director de la revista, Juan Sasturain), la dupla montó un sistema que les permitía enlazar anécdotas y aventuras históricas desde el recuerdo en una sucesión potencialmente infinita de tiras. “El esquema básico es el personaje Lutz, el anticuario, que tiene todo un pasado ligado a hitos históricos que fuimos usando argumentalmente para tocar esos temas con movimientos en el tiempo.” Luego sobrevino un cambio de formato que posibilitó construir historias más cerradas. “Fue cuando tomamos lo de Lovecraft que se armó un cuerpo argumental con más posibilidades de desarrollo largo”, señala Mandrafina, quien asigna a su compañero el mérito de abordar la obra del creador de los mitos de Cthulhu.
Desde su mirada de dibujante, y aun sin ser un fanático de Lovecraft, Mandrafina encuentra en su literatura y las referencias que de ella derivan la posibilidad de construir “climas de relato que generan una historia que me atrae”. “Al margen de lo literario, este autor también está ligado a la historieta, no sólo porque la hay a montones, sino porque está vinculado a la clásica adaptación de Breccia, que nos marcó mucho profesionalmente en los años 70, así que Leopoldo tiene una tendencia a reiterar cosas, a hacer citas que tienen que ver con el lenguaje mismo de la historieta”, reflexiona Mandrafina. Además, destaca que el propio Necronomicón les permitía “tocar los hechos tremendos como el bombardeo a Plaza de Mayo” y cosas personales del protagonista. Sin anticipar nada de la resolución de la trama, Mandrafina sugiere prestar atención a las últimas viñetas de la historia. Allí, confiesa, su inconsciente deslizó una última referencia a la época histórica, que los minuciosos podrán disfrutar tanto como si fuera intencional. “Debe ser el espíritu de época”, especula. Será cuestión de leer y descubrir.
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/18-37680-2016-01-08.html

domingo, 12 de octubre de 2014

Cacho en los 8 años de la nueva revista Fierro en Argentina

“Buscamos probarnos profesionalmente”
Así define Cacho Mandrafina el trabajo realizado junto a Carlos Trillo y que engalana una edición que viene a festejar ocho años de vida de la Fierro: una historia ambientada en la Segunda Guerra, con una estructura narrativa diferente de lo habitual en el dúo.






La nueva etapa de Fierro ya está a pasitos de igualar la primera serie, de 1984 a 1992.
¿Quién hubiera dicho, hace ocho años, que Fierro iba a durar tanto? Ocho años, ya, de la aventura historietística capitaneada por Juan Sasturain y Lautaro Ortiz. La edición que acompañará a Página/12 mañana en los kioscos es la #96 y está a pasitos nomás de los emblemáticos 100 números que acumuló la primera etapa de la revista, entre 1984 y 1992. Como cada octubre, la revista se reacomoda para ofrecer a sus lectores una propuesta puntual, fuera de su devenir habitual. Este año la muchachada fierrera le hace espacio al segundo volumen de El tiempo del mal. Es decir que, además de las tres series que continúan este mes (El vástago, de Iñaki Echeverría, Gabriela Cabezón Cámara y Selva Almada; Lo blanco del ojo, de Fernando Calvi, y la sección de crítica Cadáver exquisito, coordinada por Laura Vazquez Hutnik), la revista trae un libro dentro.
Un libro que supone muchos guiños. El primer guiño es a los incondicionales de la publicación, que ya disfrutaron el primer volumen de la saga de Carlos Trillo, el italiano Dal Prá y Domingo “Cacho” Mandrafina en el aniversario que la revista festejó en 2011. El segundo, a los devotos de la obra del guionista argentino y admiradores de su versatilidad para adaptar sus temas y relatos a distintos mercados. El tercero, no menor, es el lujo que supone tener a Mandrafina dando vueltas por las páginas de una publicación argentina.
En El tiempo del mal, que la editorial francesa Delcourt publicó como La guerra de los magos, se narra una pelea entre el Bien y el Mal (así, en mayúsculas), en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. El primer arco del relato transcurría en Berlín, donde dos ex agentes de Scotland Yard volvían, ya peinando más canas de las convenientes, a enfrentar a los teúrgos del Tercer Reich. El álbum-dentro-de-la-revista que sale mañana, en tanto, transcurre en Londres. Y en el tercero, aún sin realizar, los personajes van por la ciudad esquivando los bombardeos del Eje. Ese tercer tomo en preparación, según anticipa el propio Mandrafina a Página/12, tiene el guión por entero a cargo del italiano Dal Prá.
Desde lo artístico, uno de los aspectos más interesantes de El tiempo del mal consiste en el esfuerzo consciente que hicieron tanto Trillo como el dibujante para correrse de sus zonas de confort y explorar territorios narrativos que hasta entonces habían practicado poco. “Lo hicimos para probarnos profesional y técnicamente, aunque yo tardé mucho en adaptarme”, confiesa al teléfono Cacho. De las historias cortas, de ocho páginas, a las que se había acostumbrado a trabajar junto a Carlos y otros guionistas, Mandrafina debió proyectar obras de más de 50 páginas y con un ritmo narrativo muy diferente. “Hay muchas escenas porque el relato tiene mucho movimiento, pero cada una se despliega con morosidad, al menos para el ritmo que yo estoy acostumbrado”, considera. Trabajar para uno de los grandes sellos francobelgas supone cumplir ciertas condiciones estéticas y narrativas. Por ejemplo, la costumbre de las secuencias extensas, las viñetas súper detalladas y enfocadas en planos más amplios. “No es una historieta típica de las que hacíamos con Carlos, no sólo porque interviene Dal Prá, sino porque nos planteamos hacer un libro para Francia dentro de sus cánones.”
La historia se sostiene por una serie de hilos apenas visibles que unen a los personajes. Ambos agentes tienen un pasado con una mujer, una médium, que los hizo terminar en la baja del servicio activo de Su Majestad. La figura de esa mujer sobrevuela el relato sin terminar de impactar jamás, en un recurso que el dibujante describe como “un armazón imperceptible que queda en segundo plano”.
“Creo que Dal Prá es el que manejaba mejor la estructura de un relato como éste”, reflexiona Mandrafina sobre los orígenes de la trilogía, que el guionista italiano y su colega argentino pergeñaron entre 2005 y 2006 durante un período al borde del Mediterráneo. “Entre los dos sacaron el trabajo adelante: lo desarrollaba Dal Prá, Carlos lo traducía incluso con nuestra manera de hablar y yo lo dibujaba y lo pasaba a castellano neutro, porque me sentía muy raro al pensar en dos ingleses que se decían ‘che, boludo, agarrá tal cosa...’ mientras luchaban contra magos alemanes.” Eso para el primer tomo. Para el que sale mañana, el dibujante señala que prefirió respetar esos modismos y giros de Trillo. “Aunque sin excesivos localismos, para evitar que se vuelva paródica”, aclara.
“El trabajo con Dal Prá es perfecto, no nos conocemos personalmente, pero la relación es muy fluida”, revela Mandrafina. Desde luego, concede, ni el mail ni los eventuales llamados telefónicos alcanzarán jamás para suplir la amistad que lo unía con Trillo. “Pero sí conozco su amistad con él y también coincidimos en muchas cosas, tenemos modos parecidos de ver la historieta”, cierra.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Nuevita entrevista al maestro

Un genio, como siempre. Les dejo el texto de la entrevista hecha por Página 12.

Descarga de mi cuenta Google Drive:
https://drive.google.com/file/d/0B_JFd03Wwst5VzFVcERPaTZqZms/edit?usp=sharing

Link original:
http://blogs.pagina12.com.ar/revistafierro/files/2013/12/Entrevista-con-Mandrafina.pdf


martes, 1 de octubre de 2013

Mandrafina en Tecnópolis


"Siempre el humor fue de crítica a lo establecido, cuando lo establecido estaba representado por el gobierno, pero vivimos una nueva etapa que demuestra cómo se puede seguir siendo opositor o contestarario desde otro lugar", coincidieron los integrantes del equipo de ilustradores de Télam en una charla ofrecida en Tecnópolis.

Convocados bajo la consigna "El símbolo al poder: periodismo e ilustración", los ilustradores Lautaro Ortiz, Diego Parés, Lucas Nine, Domingo Mandrafina y Juan Soto debatieron sobre los desafíos que implica el ejercicio del humor en un medio que representa al Estado y destacaron la visibilidad alcanzada por un género antes replegado a publicaciones de menor alcance.

El espacio de producciones gráficas de Télam nació en diciembre de 2011 con el lanzamiento del suplemento "Historietas nacionales", que bajo la supervisión de Ortiz fusionó a jóvenes y veteranos humoristas gráficos con la idea de ofrecer una forma alternativa de editorialización paralela al servicio informativo tradicional.

"La agencia nacional ha tenido muchos cambios, el último de los cuales implica una nueva visión del periodismo que intenta convertirse en un nuevo periodismo, ya no solamente con los recursos de la pregunta, de la investigación o de la cobertura de la noticia sino con aquello que se escribe formula desde otro lugar, desde el lugar de la mirada, de la ilustración, del dibujo", abrió la charla el moderador, Cristian Alarcón.

"La idea era tomar a la historieta no como simple vehículo para la introducción a la lectura sino respetarla como arte. Buscamos mantener ese espíritu de las viejas revistas de historietas de la continuación semanal y a su vez quisimos que los trabajos reflejaran el momento político y social en el cual estamos, siempre de manera tangencial", explicó Ortiz.

"La idea era tomar a la historieta no como simple vehículo para la introducción a la lectura sino respetarla como arte",
Lautaro Ortiz
La impronta gráfica en el soporte digital de Télam incluye el mencionado suplemento "Historietas nacionales"- que ya va por el número 94-, la ilustración de columnas de opinión y la presentación del segmento "Efemérides", en el que se conmemora con recursos gráficos desde el nacimiento del humorista Diego Capusotto hasta la desaparición de Julio López.

"La ilustración no solamente tiene una función decorativa sino que también tiene cosas para decir y las puede decir desde distintos ángulos o estéticas. En muchos casos, incluso, editorializa mucho más que la nota a la que acompaña", acotó Ortiz.

¿Hay algo de una condición peronista en la ilustración argentina", interpeló Alarcón y la respuesta no tardó en llegar de parte de Lucas Nine, que hasta entonces no había intervenido: "Me parece que a dibujantes como Ricardo Carpani se los vincula con el peronismo porque es el más icónico en ese sentido, pero en realidad viene de un mundo visual e iconográfico muy distinto, asociado a los muralistas mexicanos", aportó.

"Donde sí hay una pata que resiste algún tipo de vinculación ideológica es en una cierta vocación particular por la desmesura, el contraste violento de proporciones, trazos y estéticas -precisó-. Calé en ese sentido es un buen ejemplo, en cuyos dibujos se percibe una dimensión visual del peronismo".

Integrantes del equipo de ilustradores de Télam en Tecnópolis


"El peronismo es siempre un cruce de tensiones y en la ilustración ocurre algo parecido: hay un cruce de líneas que van y vienen. En la vocación desmesurada de los trabajos de mi viejo, Carlos Nine yo veo ciertos rasgos peronistas. Hay allí una lectura ideológica acerca de cómo dibujar algo, una vocación bien entendida de romper un poco las pelotas, de mezclar lo que no se debe mezclar", analizó.

Nine trazó una analogía entre la impronta rupturista de su padre y el surgimiento del movimiento peronista: "En esa intención suya de combinar elementos de la plástica con la gráfica que son dos mundos que en las ortodoxias respectivas no se deben mezclar, en esa vocación de sacar los pies del plato hay algo que se puede relacionar con lo que hizo el peronismo a nivel histórico cuando decidió romper con el modelo de democracia oligárquica respaldada por golpes de estado", opinó.

"Mi trabajo viene más de la gráfica más que de la plástica. Paralelo a eso, siempre seguí trabajando como diseñador -relató Soto-. El laburo como ilustrador consiste en armar una idea que contenga un chiste a partir de una noticia. Suelo recibir la noticia a la tarde y me voy a dormir con una idea armada en la cabeza, que resuelvo gráficamente cuando me levanto".

Más tarde fue el turno de Parés, autor de las tiras "Hay polémica y "Apocalipsis TV", quien hizo foco en el delicado equilibrio de hacer reír sin perder de vista los condicionamientos de un medio articulado con la agenda social del Estado: "No es fácil hacer humor político en Télam", apuntó.

"Estamos laburando desde el Estado haciendo humor, que por definición se burla de la gente y jode con los temas dramáticos o complicados. Siempre estás en un borde muy fino, donde si te pasás estás poniendo en este caso a Télam en un lugar de falta de respeto que no corresponde y si no te pasás, no causa gracia", explicó Parés.

"Desde 1955 en adelante, todo lo que uno recuerda como humor político es opositor: a Illia, a los milicos con la revista Humor... siempre el humor fue de crítica a lo establecido, cuando lo establecido estaba representado por el gobierno -analizó-. En esta nueva etapa se demuestra que el humor puede seguir siendo opositor, contestatario o quilombero desde otro lugar".

El último en ser presentado es paradójicamente uno de los emblemas del humor gráfico en la Argentina: Domingo "Cacho" Mandrafina,  autor de obras como "Cosecha verde" , "Savarese" y "El condenado", esta última con guión de Guillermo Saccomanno, con quien hoy publican en Télam la tira "Leo".

"Hay en `Leo` un peronismo diría elegante, que viene del policial. Hay una marca fuerte que prevalece y que en este caso tiene que ver con el tiempo, con la memoria y con el recuperar", presentó Alarcón.

"Armamos una historia que tiene que ver con el tiempo y con una relación directa de la aventura con la historieta dentro de la aventura. Hay una hipotética búsqueda que tiene que ver con el bombardeo de la Plaza de Mayo en el 55. El punto de partida de esa búsqueda nos lleva a visitar la historia argentina y lo que vemos como sus contradicciones", apuntó Mandrafina.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Morgan - De Wood y el maestro Mandrafina


Morgan

Cuando parecían haber dado lo mejor de sí con el inolvidable SavareseRobin Wood (guionista) y Domingo "Cacho" Mandrafina (dibujante) decidieron encarar esta historieta mezcla de ciencia ficción y serie negra que, con sólo 41 episodios, terminó teniendo tantos fanadictos como el viejo antihéroe del FBI.

Presentaron el primer episodio en diciembre de 1985, en el Anuario #9 de la revista Nippur Magnum, y en esa revista salieron casi todos los episodios hasta el final, aparecido a mediados de 1989.

NUEVA YORK, AÑO 2043 a 2044: Morgan, el incorruptible Jefe de la Policía de su ciudad, es recluido en una prisión de máxima seguridad por considerárselo responsable de la muerte de centenares de personas en medio de la persecución de una banda de cibernéticos locos que, exaltadísimos, hicieron estallar un generador atómico.

Confinado en la Celda Negra - pequeño calabozo sin ventanas ni luz eléctrica en el cual los presos suelen fallecer o perder la razón en pocos días-, Morgan comienza a ser conocido como 776.919 [Seguir leyendo en Robin Wood].

Idioma: Español.
Editorial: Columba - Revista Nippur Magnum
Guion: Robin Wood
Dibujo: Domingo Mandrafina
Escaneadores: J.C.Massa, GPreci (CRG)
Archivos: 41
Formato: CBR.
Tamaño: 238 Mb

Títulos:
  • 01 - 776.919
  • 02 - Ira
  • 03 - Historia De Diamante
  • 04 - Asesinato
  • 05 - Día De La Madre
  • 06 - Búsqueda
  • 07 - Venganza Por El Recuerdo De Una Muchacha Muerta
  • 08 - El Palacio De La Muerte
  • 09 - Un Día De Sol
  • 10 - El Sueño Realizado
  • 11 - Los Muertos
  • 12 - La Isla De La Lepra
  • 13 - Texas
  • 14 - Laramie
  • 15 - Los Hermosos Y Fatales Sueños
  • 16 - El Fabricante De Muñecos
  • 17 - Una Operación De Limpieza
  • 18 - San Jorge Y El Dragón
  • 19 - El Club De La Mala Suerte
  • 20 - El Niño Prodigio
  • 21 - Operación Casamiento
  • 22 - El País De Nunca-Jamás
  • 23 - El Mago
  • 24 - Aventura Con Texas
  • 25 - El Hombre Mágico
  • 26 - El Extraño Caso Holzecker
  • 27 - Vampiros
  • 28 - La Hermosa Locura
  • 29 - El Casamiento Del Guerrero Americano
  • 30 - Buscando A Deborah Mannon
  • 31 - Querida Texas
  • 32 - Un Juego De Traiciones
  • 33 - Día De Cacería
  • 34 - Cuidando A Texas
  • 35 - El Sorprendente Elmer
  • 36 - Un Favor Para Paterson
  • 37 - Frankenstein
  • 38 - El Campeón
  • 39 - El Reloj De Las Horas Acabadas
  • 40 - La Terrible Programación
  • 41 - Lo No Escrito
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sábado, 17 de noviembre de 2012

El Condenado de Saccomanno y Mandrafina

Gracias a los amigos de "How to Arsenio Lupin", les dejo estos scans de una etapa más que genial del maestro Mandrafina.


El Condenado Portada Tomo 1

Marcel Clouzot es El Condenado. Evadido de Cayena (la prisión francesa de ultramar), y más tarde borrachín, estibador, marino, chofer, guardaespaldas y matón… Su historia es la historia en primera persona de un hombre solitario que escribe y nos cuenta así sus recuerdos, desventuras, amores, aciertos y fracasos, mientras regentea su bar, el Sweet Sodome, en compañía de un pianista y un ayudante… [más historietas argentinas].

Publicada entre marzo de 1978 y febrero de 1985, con guiones de Guillermo Saccomano y dibujos de Domingo "Cacho" Mandrafina, en la revista Skorpio.

Domingo “Cacho” Mandrafina, vecino de Padua, nació en la ciudad de Buenos Aires en 1945. Su trabajo como dibujante de historietas se inicia en 1969, en la etapa final de Patoruzito. Muy poco después, trabaja para editoriales norteamericanas y se desempeña como ayudante de Ángel Fernández. En 1972, luego de haber integrado el equipo que realizara la serie Samos para la revista infantil Billiken, se incorpora a la Editorial Columba, ilustrando adaptaciones de filmes para Intervalo y D'Artagnan. Mientras tanto, colabora en la efímera Top con varios trabajos, hasta vincularse en 1974 a Ediciones Record, donde, a partir de guiones de autores italianos, dibuja numerosas series, entre las que se destaca Lady Shadow, y más tarde comienza, con Guillermo SaccomannoEl Condenado, que es su primera creación de relevancia. Simultáneamente inicia para la Editorial Columba otro personaje de sostenida repercusión: el policialSavarese, con guiones de Robin Wood.

Actualmente, junto a Guillermo Saccomanno está dibujando una segunda época de El Condenado.

Idioma: Español.
Editorial: Skorpio
Guion: Guillermo Saccomano
Dibujo: Domingo Mandrafina
Tradumaquetadores: Apuleyo Juan, Bladescans (CRG-Woodiana)
Archivos: 56
Formato: CBR.
Tamaño: 354

Tomos:
  1. La Antesala Del Infierno
  2. La Fuga
  3. Los Primeros Pasos
  4. El Jibaro Frances
  5. La Muchacha Del Ron
  6. La Isla Maldita
  7. Tesoro Sin Dueno
  8. Mi Amigo Tartarin
  9. La Fortuna Huye Otra Vez
  10. Una Leccion Peligrosa
  11. Un Pianista Para El Sweet Sodome
  12. Mi Sucia Piedad
  13. Adios Sweet Sodome
  14. Las Hijas De La Venganza
  15. El Amor De Bolero
  16. La Perla De Marlow
  17. En Honor De Occidente
  18. Pasajera De La Muerte
  19. Aquella Mujer
  20. A La Busqueda Del Paraiso Perdido
  21. Las Oportunidades Y El Ron
  22. Adios, Griffith
  23. Adios Tartarin
  24. Herencia De Odio
  25. El Sueno De Finnegan
  26. Jim
  27. Loreen Brierly
  28. Los Diamantes De Eliot
  29. La Lluvia
  30. El Sol
  31. La Noche
  32. Jim Se Enamora
  33. Despues
  34. El Rico Y Poderoso John Tac
  35. Aprendizaje
  36. La Mala Suerte Y Las Batallas Imposibles
  37. Solo
  38. Los Pasos Perdidos
  39. El Largo Camino
  40. El Viejo Nudo
  41. Una Pala Y La Tristeza
  42. Oscuridad Y Olvido
  43. Las Islas Y Los Hombres
  44. El Fuego Y La Memoria
  45. El Tiempo Recobrado
  46. La Poesia Y La Alcantarilla
  47. Por La Amistad
  48. El Suicida
  49. La Ayuda
  50. El Joven Griffith (1)
  51. El Joven Griffith (2)
  52. El Joven Griffith (3)
  53. El Joven Griffith (4)
  54. El Precio Del Trabajo
  55. Lo Bebido, Lo Vivido
  56. El Canciller
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El Condenado Portada Tomo 2


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martes, 20 de diciembre de 2011

Mandrafina: “En la historieta la narración es fundamental” (Planeta DeAgostini. 2008)



SÁBADO 17 DE DICIEMBRE DE 2011

Entrevista a Domingo “Cacho” Mandrafina: “En la historieta la narración es fundamental” (Planeta DeAgostini. 2008)


Transcribimos la entrevista realizada al maestro “Cacho” Mandrafina por Daniel Ferullo, publicada en el cuarto tomo de “Spaghettti Bros” (Planeta DeAgostini. 2008) compartiéndola, de esta manera, con todos los seguidores de “El lector de historietas”. (Gabriel Zárate)

Por Daniel Ferullo

¿Cómo ingresa al mundo de la historieta?

Supongo que como todos, como lector. Leí El Tony, elPatoruzito, el Pato Donald y el Chapaleo, de Ferro;todo eso. Los leía desde que aprendí a leer a los seis años. Leía con frecuencia y con gusto, eso fue lo fundamental.

¿Y como dibujante?

Dibujaba como todos los chicos, con la diferencia de que yo seguí dibujado (risas). Cuando descubrí a Randall, deArturo del Castillo, tomé conciencia de que quería ser dibujante de historietas. También me di cuenta de que quería serlo desde mucho antes. Venía intuyendo que algo me pasaba con la historieta cuando veía en Patoruzitolas cosas de Alberto Breccia, especialmente Vito Nervio. Eso era a mediados de los 50.

¿Tuvo alguna formación como dibujante?

Como hicimos todos los que empezamos a dibujar de pequeños, era autodidacta cuando dibujaba y copiaba todo lo que encontraba (risas). En el año 68 empecé a estudiar en el IDA (Instituto de Directores de Arte) una escisión de la famosa Escuela Panamericana de Arte. Pero pretendía orientar el dibujo para el lado de la publicidad. Estudié dibujo un año con Ángel Borisoff y se empezó a ver que mi dibujo tenía más que ver con la historieta que con la publicidad. También estudie con Pablo Pereyra y, de a poco, fui dejando ese intento de ir para el lado de la publicidad y fui volviendo a la historieta. Charlé conBreccia y me convenció de que lo mío era la historieta. Hice el curso con él y ahí comenzó todo.

¿Cuáles fueron sus primeros trabajos? 

Empecé primero con trabajos sueltos, con Medrano, un dibujante que tenía un contacto con EEUU. Luego fui ayudante de Lito Fernández durante un año. Ese año con Lito fue fundamental para poder trabajar. Ahí incorporé realmente lo que es la profesión. Hasta entonces no había tenido ningún desarrollo profesional, tenía muy poca experiencia. A todo esto yo había estado haciendo pruebas para poder entrar a trabajar a Columba, que era la editora de referencia en esa época. Trataba de hacer un estilo similar al de Stan Drake para entrar enIntervalo.

¿Y su primer personaje? 

Primero me dieron historias sueltas, unitarias. Luego, después de tres o cuatro años, me dieron mi primer personaje, que fue Flavia Mazzini también para la revista Intervalo. Fue un personaje heredado, la guionista era una mujer, o por lo menos firmaba como una mujer. Me sirvió como una gran experiencia. Debo admitir que en esa época yo le robaba bastante a Víctor de la Fuente, que publicaba en la misma Columba. Trataba de adaptar ese estilo duro y expresivo que él tenía, a los temas románticos. Le robe durante mucho tiempo, (risas) Lo de Flavia Mazzini habrá durado unos tres años, más o menos. Después empecé con las adaptaciones de películas, también para Columba.

Luego, en el 78, llegaría Savarese con guiones de Robín Wood, personaje que los consagra y lo da a conocer popularmente primero en Argentina y luego en Italia. 

Si, mis primeros trabajos más conocidos fueronSavarese, con guión de Robín Wood para la revistaD'Artagnan (Editorial Columba) y El Condenado, con guión de Guillermo Saccomanno, para la revistaSkorpio (Ediciones Record). Se publicaron simultáneamente.

En esa época ya se puede hablar de “un estilo Mandrafina”.

Supongo que eso se gesta en Savarese. Creo que la continuidad del personaje a través de tantos años (se publicó interrumpidamente desde 1978 hasta 1989) fue lo que desarrolló eso que el lector puede identificar como “estilo Mandrafina”. En mi caso, el estilo se da por una conjunción de cosas q se van agolpando por acumulación de trabajo. Iba resolviendo los problemas a medida q se presentaban. Esa acumulación de trabajo es lo que creo que consolida una forma de dibujar que se puede identificar. Por eso creo que en Savarese es donde se consolida mi forma de contar.

En eso influye mucho Robín (Wood), que posee una gran fluidez en el relato, lo cual permite trabajar muy rápido. Personalmente no soy de darle mucha importancia a los pedidos específicos de los guionistas. Me gusta dar una visión diferente. Armo como un contrapunto entre la sugerencia del guionista y lo que yo quiero ver de la historia. Pero las historias de Robín se cuentan solas. Era extraordinario como –aunque yo no hacia el enfoque que pedía el guión– la historia, los diálogos, la manera de pasar de una escena a otra y los personajes, todo hacia que fuera muy sencillo contarlas.

El Condenado fue casi simultáneo con Savarese. EnSkorpio había hecho unitarias, de aventuras y policiales con guiones de Saccomanno y Zappietro (Ray Collins). El Condenado era una especie de historia similar a El Fugitivo y Papillón. Era un tipo acusado de un crimen que no había cometido, se fugaba de la cárcel, y empezaba su aventura. En la actualidad se publica una segunda etapa en Francia que ya superó ampliamente, en cantidad de páginas, a la etapa original. Se publica bajo el nombre de Cayenne.

Luego, ya a finales de los 70, cominea su relación con Carlos Trillo con las “Historietas Mudas” para Superhumor. 

Si, fueron mis primeras colaboraciones con Carlos.Después fue el guionista con el que más he trabajado.

Usted que ha trabajado con los mejores guionistas como Wood, Trillo, Saccomanno ¿tiene alguna preferencia por alguno de ellos?

No. Preferencia, la verdad que no. Yo trabajo exactamente igual con cualquier guionista. Con Trillo hubo, y hay, más continuidad profesional. De esa manera, con él surgió la colocación del material en Europa. Se ha transformado en una certeza y en una continuidad de trabajo que hace que todo se de fluidamente.

Con él realiza Cosecha Verde uno de sus trabajos más aplaudidos 

A mí también me gusta. Disfruté mucho al hacerlo, fueron más de 120 páginas y tenía ganas de hacer algo de largo aliento, tipo folletín, y de publicación en episodios. Tenía la intención hacerle sentir al lector la secuencia y los tiempos del “continuará” (aunque finalmente no se haya publicado de esa manera). Eso fue uno de los motivos que más me entusiasmó. Junto con todo lo demás: la historia en sí, la ambientación. Y otra historieta que me gusta tanto, o más, es El Iguana, el “desprendimiento” del personaje deCosecha Verde.

¿Tiene algún método de trabajo?

No tengo un método de trabajo, soy desordenado. En general trabajo del modo clásico: lápiz primero y luego pasado a tinta. No trabajo con ayudantes, tuve algunos por dos o tres años pero para el trabajo pesado, cortar las láminas, preparar el papel, ese tipo de cosas. Incluso en una época hacia historietas de distintas medidas de originales, lo cual me creaba más problemas q el hecho de cambiar de serie. Yo soy muy lento dibujando. Actualmente estoy produciendo unas veinticuatro páginas al mes. Pero en forma completamente irregular. Por ejemplo en una semana hago dos páginas a lápiz y en tres semanas hago todo el resto. O a veces hago todo en quince días.

¿Y en cuanto a la forma de narrar?

En mis dibujos me gusta utilizar los buenos recursos del cine. Hay gente que por producir un impacto visual pierde la narración Y la narración en la historieta es trascendental. Experimenté con varias formas de narrar. Por ejemplo cuando hicimos con Carlos Trillo la serie“Historias Mudas” para Superhumor, donde no había cuadros explicativos ni “globitos” de diálogo. También probé narrar dividiendo la página en cuadros iguales en Savarese, en El Condenado y también enSpaghettti Bros.

Hablemos un poco de Spaghettti Bros.

Nace para la editorial italiana Eura que publica las revistas Lancio Story y Skorpio. El nombre original era Los Fratelli Centobucchi, pero en Italia le cambiaron el nombre por Spaghettti Bros. Parece que para ellos la palabra Centobucchi tiene ciertas reminiscencias distintas de las que pensamos nosotros. Por “buco” que en italiano significa “agujero” y “cento” “ciento”. Para ellos tiene un significado que no es muy elegante y prefieren obviar (risas). Spaghettti Bros es, después de Cosecha Verde, la obra que mejor ha funcionado en Europa, sobre todo en Italia y Francia.Tuvo incluso una secuela, o una versión distinta, en Los Viejos Canallas. Recontamos la misma historia desde los ojos de uno de los descendientes de la familia. Esa fue una buena idea de Carlos y quedó muy bien.

¿Cuales la mayor dificultad que se le presenta al encarar un nuevo trabajo?

Lo que más me cuesta es cuando tengo la hoja en banco al frente, pensar como narrar, como diagramar la pagina; una vez resuelto eso lo demás es más fácil. Cuando realizo personajes por mucho tiempo me cansan, pero, cuando dejo de hacerlos, los extraño. La ventaja de hacerlos por mucho tiempo es el conocimiento que ya poseo de ellos.

¿Qué opina del comic de superhéroes?

Yo me crié con El TonyEl Gorrión y Patoruzito, la moda de los superhéroes cambió el mercado. El Mangapor ejemplo no me gusta para nada. La historieta erótica me aburre. Debo reconocer que no soy un gran consumidor/lector de historietas, no puedo sacar una conclusión sobre el cómic actual porque lo último que leí con entusiasmo de lector fue el Corto Maltés de Pratt,especialmente La Balada del Mar Salado. Mis gustos son más clásicos, me gusta la historieta norteamericana del 50, el Alack Sinner de Muñoz, el Mort Cinder, yEl Eternauta de Breccia, prefiero ese tipo de material.

¿Qué otros dibujantes le gustan o influenciaron en su trabajo?

Los que más me gustan son todos tipos de mi generación. Aparte de Muñoz y (EnriqueBrecciaOswald, un dibujante que no tiene el reconocimiento que se merece. Me parece extraordinario como narrador, como historietista. Después internacionalmente Alex Toth es el que más me entusiasmó. También desde el punto de vista narrativo. El relato, la forma en que Toth compone el cuadro, es la que tomé yo. La página dividida al medio, una base de tres o cuatro tiras generando secuencias que acentúen el parentesco, que yo le veo a la historieta, con el cine. Eso lo hacia Toth, yo lo vi por primera vez en él. Lo tomé, y aún hoy lo sigo manteniendo, con algunas variaciones.

Ya que hablamos de gustos ¿Cuál es el género en el que se siente más cómodo al dibujar?

El policial sin duda. Si es posible en Nueva York en los años 30, es donde me siento más cómodo. Creo que el hacer Savarese tantos años –es el trabajo más largo que hice– marcó mi estilo. Marcó mi manera de contar.

jueves, 8 de diciembre de 2011

“Marcel Clouzot, el Condenado” de Guillermo Saccomanno y Domingo Mandrafina


Con el título de “Marcel Clouzot, el Condenado” la editorial Historietas Argentinas de Javier Doeyo publica en álbum un relato autoconclusivo de la extensa serie “El Condenado”, el capítulo: “Los Hombres de Carol”, en un libro de 128 páginas, con un prologo deClaudio Díaz.

Con guión de Guillermo Saccomanno y dibujos deDomingo "Cacho" Mandrafina, “El Condenado” se publicó originalmente en Skorpio de Ediciones Recordentre 1978 y 1985, posteriormente continuó realizándose para Francia. En el inicio de la segunda etapa de Fierrose recuperaron parcialmente algunos capítulos inéditos en español de la saga. “El Condenado” marcó junto a“Savarese”, el inicio de la brillante consagración como dibujante de "Cacho" Mandrafina, hoy con cuarenta años cumplidos de profesión.


El novelista Guillermo Saccomanno surgió en los setentas como uno de los guionistas de cómic argentinos más prometedores de su generación, gran amigo deCarlos Trillo y además compañeros en la reflexión crítica sobre historietas y en la aventura editorial de la revista “Puertitas”. “El Condenado” es su obra más ambiciosa y mejor lograda, un autentico clásico de la historieta contemporánea con toda la humana atmosfera de la más sórdida novela negra y un merecido rescate editor para el talento de Guillermo Saccomanno, hoy volcado a la literatura.

El lector de historietas: “Marcel Clouzot, el Condenado” de Guillermo Saccomanno y Domingo Mandrafina

miércoles, 16 de noviembre de 2011

jueves, 20 de octubre de 2011

CACHO MANDRAFINA: CUATRO DECADAS DE HISTORIETA

ENTREVISTAS > CACHO MANDRAFINA: CUATRO DECADAS DE HISTORIETA

El rostro de la aventura

Discípulo directo de Alberto Breccia, dibujante de guionistas como Trillo y Saccomanno, hacedor de personajes como Savarese y El Condenado, Domingo “Cacho” Mandrafina lleva más de cuatro décadas viviendo de un oficio que desde el primer día creyó que se iba a extinguir. Ahora que la revista Fierro en su número aniversario acaba de editar completo su último trabajo junto a Carlos Trillo, Mandrafina recorre su carrera, que permite reconstruir la larga evolución de ese fin que, por suerte, nunca llega.








Por Martin Perez

El clima, la narración y la interpretación del guión. Esas tres cosas son las que decide el dibujante en una historieta. Porque la historia, por supuesto, es del guionista. Los diálogos, también. Pero el director de esa historia –de esa historieta– es el que la planta sobre el papel. Y es, por lo tanto, el que decide cómo hay que contarla. Si hay que acortar o alargar una secuencia, o si hace falta agregar o sacar un cuadrito. Todo, por supuesto, al servicio del relato. Porque, si bien un guión de historieta nunca debe ser como un guión de cine, el director de la película es, sin dudas, el dibujante. Y uno de los mejores directores-de-historieta que hay en ese semillero del género que es la Argentina, Domingo “Cacho” Mandrafina, es quien explica de esta manera, y mejor que nadie, lo más importante de un oficio del que vive desde hace ya más de cuatro décadas. Aunque asegura que no le interesa la docencia, el coautor de personajes míticos como Savarese o El Condenado asegura que dibujar, dibujamos todos. Al menos en nuestra infancia. Y un dibujante profesional, se podría decir, es simplemente alguien que lo sigue haciendo cuando los demás dejan de hacerlo. Para Mandrafina, según confiesa, dibujar siempre fue algo natural. Lo que tuvo que aprender es a contar. Y el que le enseñó cómo hacerlo fue nada menos que el mítico Alberto Breccia, que aunque supo ser su profesor durante un lapso bastante breve, fue quien le devolvió la pasión por la historieta como para dejar de lado su trabajo en un estudio contable, y soñar con convertirse en un profesional. “La frase de que un dibujante es como un director de cine, es cien por ciento suya: directamente del maestro al discípulo”, asegura con una sonrisa un historietista que casi se podría decir que nació siendo un clásico, con sus claroscuros, sus climas y los rasgos de sus personajes. Y que, después de cuarenta años en los que ha trabajado con los guionistas más importantes de Oesterheld para acá y en todas las revistas que fueron sinónimo del medio, lo sigue siendo. Un clásico que piensa siempre antes en lo que está contando que en lucirse con el dibujo, y en el lector y la historia antes que en cómo sale en la foto. Algo que demuestra magistralmente en La guerre des magiciens, la saga que actualmente está realizando para Francia con guión de Carlos Trillo y Roberto Dal Pra’, cuyo primer y hasta ahora único tomo, titulado Berlín para su publicación por la editorial francesa Delcourt, acaba de ser publicado en la revista Fierro bajo el nombre de “El tiempo del mal”. “Por suerte Carlos alcanzó a ver publicado el primer tomo en Francia”, asegura Mandrafina con una sonrisa, recordando con cariño al amigo de más de tres décadas, recientemente fallecido. Pero refiriéndose en realidad a su legendaria lentitud a la hora de terminar con sus trabajos, algo que también lo ha acompañado durante toda una vida de dibujante clásico, un historietista esencial dentro de la historia del género en estas tierras que parecen, de manera inverosímil e inexplicable, según se sorprende aún hoy el generalmente pesimista Cacho, seguir necesitando historietas.

LA CAMISA Y LA CAMISETA

Cuando habla de Alberto Breccia, a Mandrafina se le iluminan los ojos. “Para mí, era un tipo extraordinario”, asegura Cacho, que reconoce que era duro, e incluso podía llegar a ser demasiado cáustico como docente. “Pero su capacidad para transmitir conocimientos era notable”. Hasta que lo conoció, Mandrafina pensaba que los tiempos de la historieta se habían acabado. Algo lógico para un joven que había crecido expuesto a la edad de oro del género como lector. Criado en pleno centro de la Capital, en Carlos Pellegrini y Arenales, en una manzana que ya no existe porque se fue demolida para hacer lugar a la 9 de Julio, Cacho recuerda que, aunque su padre no terminó la primaria, leía todo lo que caía en sus manos. Y le enseñó a hacerlo, a los 3 o 4 años, leyéndole “Chapaleo”, la historieta de Eduardo Ferro que salía en La Razón. Así fue como creció siendo un fanático del papel impreso, y de la historieta, recordando con cariño incluso revistas como El Tony Semanal y El Gorrión. No es casualidad que para él, aún hoy, la historieta se tiene que leer como se leía entonces, como se leyó siempre por estos pagos: en revistas que compilen historias y dibujantes diversos. “En vez de hacer como muchos de mis amigos, que era lo primero que leían, siempre guardaba mi preferida para el final”, asegura Cacho, que cuenta que no sabía nada de firmas, pero que nada casualmente sus preferidas eran las ese gran renovador de la historieta que fue el norteamericano Milton Caniff, y su discípulo Harold Robbins. Y que la gran historieta de la época, sin dudas, fue el “Sargento Kirk”, dibujada por el mejor discípulo de Caniff más allá de las fronteras de los Estados Unidos: el italiano Hugo Pratt, en ese entonces afincado en Buenos Aires. “No teníamos ni idea, pero algo debíamos saber, para elegir entre las historietas del oeste justo a la que se hacía acá”, dice al referirse a la historieta que comenzó publicándose en Misterix, y luego en Frontera, con guión de Oesterheld. Cuando se le pregunta qué quería ser entonces, de chico, Mandrafina asegura que ya desde entonces quería ser dibujante de historietas. Pero que terminó abandonando su lectura cuando fue creciendo, y buscando otros destinos en la vida. Pasó a leer policiales, recuerda, y empezó sus estudios. “Seguía dibujando en los apuntes, pero no pasaba de garabatos como los que uno puede hacer en un papel cuando habla por teléfono”, señala. Cuando decidió dejar de engañarse y volver al dibujo, al cumplir veinte años, pensó que la historieta estaba acabada. Y no le faltaba razón: la época de oro había terminado, y aún no había comenzado su rescate. “Por entonces se buscaba rebautizarla”, recuerda Mandrafina. “Breccia decía que así como estaba la camisa y la camiseta, estaba la historia y la historieta. Que con el propio nombre se la minimizaba. Por eso en aquel entonces era que empezaban a decirle cosas como Literatura Dibujada”. Aun sin dejarse tentar por semejantes revisionismos –“siempre me gustó decirle historieta”, confiesa con una sonrisa–, fue conocer a Breccia y que el género de su infancia le volviese al cuerpo. Por entonces, el maestro estaba mudando de piel, dejando atrás su época clásica y empezando a experimentar con collages, una mutación cuya bisagra fue las apenas tres magistrales páginas de Richard Long, que realizó con Oesterheld. “Siempre decía que era un guión más largo, y que él lo había resumido”, revela Mandrafina. Y agrega, revelando sus gustos clásicos, y su carácter de orgulloso alumno de Breccia, sí, pero de este lado de los experimentos: “Me encanta, pero para mí gusto se pasó, y le quedó apenas un resumen”.

LOS ARCOS DE LA VIDA

Al recorrer las más de cuatro décadas de Mandrafina dentro del género, es posible resumir la historia de la historieta local luego de la época de oro. Porque sus primeros trabajos fueron para Patoruzito, donde dibujó cosas menores como el gol número 1000 de Pelé, pero su primer logro fue empezar a colaborar con Columba, la editorial que encarnaba la industria local del género, bajo la guía del director editorial Antonio Presa. “Nuestro lector compra la revista en Once y le tiene que durar hasta Moreno”, recuerda Mandrafina que resumía Presa a sus productos. Por entonces, a comienzos de los ‘70, Columba era la editorial del establishment, y para no arriesgarse a tener que dibujar historias con las que no se sintiese de acuerdo, Mandrafina arrancó trabajando para Intervalo, la revista de la editorial orientada hacia el público femenino. “Presas me dio mi primera lección, el día que rechazó mis primeras muestras”, recuerda Mandrafina. “Yo era fanático de Del Castillo, el preciosista dibujante de “Randall”, y él me dijo que dibujando así me iba a morir de hambre, porque no iba a terminar nunca las páginas.” Con el trabajo en el estudio contable abandonado para trabajar junto a Lito Fernández, uno de los dibujantes del momento, Mandrafina comenzó a conocer ese mundo. “En Columba se pagaba religiosamente el cuarto martes de cada mes”, recuerda. “Así que durante ese fin de semana no te podías encontrar con nadie: estábamos todos encerrados tratando de terminar como sea todas las páginas posibles, para cobrar unos mangos más.” Ascender en Columba significaba pasar al color: “A nadie le gustaba, porque era un color horrible. Pero se cobraba casi el doble”. Y la cumbre era la serie, algo que logró con la inolvidable “Savarese”, con guiones de Robin Wood, la estrella de la editorial. “Desde el comienzo supimos que íbamos a recorrer todo el arco de vida de un personaje, desde la juventud hasta la adultez, así que como modelo tomé a un dibujante al que veía todos los días, Rubén Marchione”, revela. Ante el peso de la tradición que imperaba en Columba, la aparición de la editorial Record y su revista Skorpio significaron un alivio para el mundo de los dibujantes. Para ellos, Mandrafina haría su otra serie inmortal, “El Condenado”, junto a Guillermo Saccomanno. “Si para Savarese, Wood se inspiró en El Padrino, acá la inspiración fue Papillón”, confiesa Mandrafina, que junto a Saccomanno está tratando de revivir un personaje que nunca dejaron de hacer durante mucho tiempo. A pesar del trato más familiar, tanto Columba como Record mantenían costumbres que hoy serían impensables, como retener los originales de los autores, quienes perdían todo derecho sobre los mismos. Por eso es que Mandrafina no tiene ni un dibujo de aquellas primeras épocas. “Lo único que tengo es el original de una página de ‘Savarese’, doblado al medio”, cuenta. “Me lo trajo de regalo el negro Gustavo Trigo al volver de un viaje a Europa. Lo debe haber descubierto en algún lado, lo dobló y lo rescató”, explica Cacho, que dejó de dibujarlo cuando cerró Columba, luego de la hiperinflación de fines de los ‘80. “Igual ya se había medio agotado la historia, porque el arco temporal del personaje se había completado”, aclara, y revela que sigue en contacto con Wood, ya que cada tanto negocian una reedición. “Lo volvería a dibujar, ¿por qué no? Pero esos contactos son cada vez más esporádicos.”

EL MUNDO SIN COLUMBA

Si en la historieta son los personajes los que aseguran la inmortalidad de un autor, la vitalidad suele estar en otro lado. Y más durante los ‘80, una época en que empezó a inventarse el concepto de comic de autor. Así que si Mandrafina tal vez se haya asegurado un lugar en la historia por sus personajes, como Savarese o El Condenado, su momento más vital fue cuando se juntó con Carlos Trillo, y empezaron a publicar las obras de su propia época de oro, que nada casualmente vieron la luz en una nueva editorial, a tono con esos nuevos aires, De La Urraca. “Las propias revistas te alentaban a intentar otras cosas, porque eran diferentes”, explica Mandrafina, refiriéndose a revistas como SuperHumor, conceptualmente diferentes a Skorpio o El Tony. Junto a Trillo, Mandrafina asegura haber descubierto una veta nueva, cercana a la ironía. Aquellas metahistorietas comenzaron de manera admirable, con la serie muda, cuyo puntapié inicial fue un guión sobre un mago, que Trillo en realidad escribió originalmente para Killian. “Cuando me lo mostró, recuerdo haber pensado: qué bueno que no tengo que dibujarlo yo. ¡Porque iba a dar mucho trabajo!”. La comedia kafkiana de aquellos guiones irremediablemente remitían al lector al estado de las cosas: fin de la dictadura, cosas que no se podían decir pero estaban empezando a decirse. “Pero nunca fue algo explícito”, asegura Mandrafina. “Nunca nos sentamos a decir: hablemos ahora de la censura. O de los desaparecidos. Claro que lo que sucedía a nuestro alrededor terminaba apareciendo. Incluso nosotros lo terminábamos viendo en lo que hacíamos. Nos dábamos cuenta, no éramos ingenuos. Pero no eran cosas que poníamos ahí a conciencia”. Si Columba vivió con el mercado interno, y Record nació vendiendo las historietas a Europa, cuando la hiperinflación barrió con todas las editoriales locales, los dibujantes y guionistas más conocidos siguieron trabajando, pero directamente con las editoriales europeas. Y ese cambio es el que, para Mandrafina, explica que la calidad, libertad y ambición hasta entonces siempre ascendente de sus trabajos –de “Savarese” a “El Condenado”, y de ahí a sus trabajos con Trillo haya encontrado una meseta. “Cuando dejamos de trabajar para acá, algo se perdió”, calcula. “Recuerdo la sensación que me producía cuando me iba en tren a mi casa en Padua, y al lado mío alguien leía una historieta que yo había dibujado un mes atrás. Y eso fue algo que no sentí más”. Convencido de que para que haya historieta tiene que haber editoriales, un Mandrafina que confiesa que ya no lee historieta asegura que por las nuevas generaciones de dibujantes locales, que siguieron el oficio casi a la intemperie, sin editoriales grandes dándoles trabajo y autoeditándose si era necesario, sólo tiene admiración. “Siempre digo que el mundo estuvo más tiempo sin historietas que con ellas, así que debemos ir acostumbrándonos a que algún día ya no estarán más. Pero al mismo tiempo me sorprendo cuando no deja de acercarse gente con ganas de mostrarte sus dibujos. Hay que aceptarlo, éste es un arte popular. Y mientras exista esa necesidad, mientras haya gente con ganas de dibujarlo y ganas de leerlo, no va a desaparecer”.

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